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La vida y el bien y el mal. Los dos árboles

domingo, 19 de octubre del 2008 a las 09:19

LOS DOS ÁRBOLES: UNIDAD Y DESARROLLO

 

Daniel Atzil Russi (Montevideo – Uruguay)

 

Según la Kabaláh sabemos que la causa primordial de “la causa de las causas” es única y proviene del ein sof, la Creación se expresa a través de las otiót y las sefirót[1], adecuándose a las necesidades de la Creación que Él quiere para nosotros, o sea, la Creación no es un reflejo de Hashem[2] en su plena magnificencia, sino algo creado expresamente y de acuerdo, a nuestras necesidades de desarrollo espiritual. No podemos decir lo que es Dios, ya que está más allá de todo posible entendimiento para nosotros, el ser humano. Sólo podemos tratar de comprender las formas y leyes que le dio a la Creación para nuestro desarrollo.

 

 

ESENCIA E IMAGEN

 

Para comprender mejor la significación y esencia del Árbol de la vida debemos introducirnos en el relato de la Creación de la Biblia. En el tercer día de la Creación, Dios crea al mundo vegetal:

 

Dijo Elokim[3]: “Que la tierra produzca vegetación: herbaje con semillas, árbol fruto que produzca frutos de su misma especie, cuya semilla esté en él, en la tierra”. Y fue así. Entonces la tierra produjo vegetación, herbaje que da semillas según su especie, y árbol que produce fruto cuya semilla está en él, según su especie. Y vio Elokim que era bueno.[4]

 

En una primera lectura literal ya notamos algo extraño, no coincide lo que dijo Dios con lo que produjo la tierra.

 

Dios dijo:

etz pri ose pri

Árbol fruto que produzca fruto

La tierra produjo:

etz pri ose

Árbol que produce fruto

 

Según nos cuenta la tradición, la tierra no cumplió con la orden dada produciendo solo árboles que dan frutos y por eso luego, cuando Hashem castigó a Adam, recordó el pecado de la tierra y la maldijo también.

Pero la Kabaláh no se queda con esta lectura literal y algo infantil, ya que Hashem esta en todo y sustenta toda la Creación de acuerdo a sus designios.

 

Como sabemos la Creación relatada en los primeros capítulos del Génesis, es en realidad un relato de la formación del 2, de la dualidad, un pasaje del 1 al 2, o sea, un génesis de la dualidad. Comenzando con el cielo y la tierra, luz y oscuridad, la separación de las aguas superiores de las inferiores, etc.

A partir de “En el principio…” en hebreo BeREShIT, cuya primer letra es la Bet = 2, y además está escrita con mayor tamaño que el resto de las letras de la Biblia, indica que todo lo que le sigue está determinado por el 2, por la dualidad.

 

Ese 2 no significa 1 + 1 = 2, sino que hasta ese momento reinaba la unidad absoluta en estado de armonía indivisa que lo abarca todo y ahora hay una partición del 1 dando lugar a la dualidad. Nuestro mundo está gobernado y determinado por las leyes de la dualidad. Cualquier cosa que veamos, que percibamos, que intentemos medir se encuentra entre dos polos, entre dos extremos. Nada es absoluto en si mismo, sino que necesitamos de una referencia con la cual compararlo. Así siempre tenemos que hablar de positivo – negativo, hombre – mujer, cero – infinito, caliente – frío, vida – muerte, grande – pequeño, causa – efecto, etc. No podemos imaginar una cosa que no sea dual, nuestros valores, nuestra lógica, nuestro razonamiento esta basado en estos principios.

 

En la Creación de los árboles, en este relato, también muestra una dualidad; dualidad que quedará mucho mas clara cuando hablemos de El Árbol de la Vida y el Árbol del Conocimiento del bien y del mal.

La tierra produce árbol que da frutos, algo que a nosotros no nos causa ninguna sorpresa, es lo normal para nuestra percepción de las cosas. Lo que le fue pedido a la tierra es prácticamente incomprensible para nosotros. Hashem dijo: “árbol fruto o árbol que es fruto”, o sea, el mismo es en esencia un fruto, ya es la meta, y “que dé fruto o que produzca fruto”, o sea, produce algo que está en camino hacia la meta, algo que puede ser un árbol en el futuro.

 

Según nuestra percepción actual algo que tiene que hacer frutos, no es un fruto, es el árbol y del fruto decimos que esta en proceso de ser un árbol, no podemos imaginar algo que sea ambas cosas a la vez.

La tierra hace un árbol normal de acuerdo a los principios de la dualidad, causa y efecto. No puede hacer un árbol que sea causa y efecto, la meta y el camino a la meta, esencia e imagen a la vez. Un árbol sólo puede crecer y desarrollarse a partir de un fruto o una semilla, para luego cumplir su cometido y dar nuevos frutos para así dar lugar a nuevos árboles. Nadie sabe si realmente podrá cumplir con su meta, podría morir en el camino por un rayo o por el fuego. El árbol no obstante toma nutrientes de la tierra, se desarrolla en multiplicidad de ramas y hojas. Y recién cuando ha logrado desarrollarse plenamente y madurado en un lapso de tiempo, aparecen los frutos.

 

Lo mismo sería aplicable a la vida del hombre. Se debe desarrollar en este mundo para lograr madurez espiritual y así obtener el fruto del desarrollo, con lo cual puede comenzar un nuevo ciclo.

Todos pusimos alguna vez a germinar semillas y vimos crecer un árbol, es fácil para nosotros comprender este desarrollo. Difícil es concebir lo expresado por Hashem, semejante posibilidad es imposible en la tierra. Dicha posibilidad, árbol fruto que produce fruto, sólo existe en la unidad originaria, en el mundo de la unidad, fuera de la Creación. Dicho árbol representa entonces la unificación de lo que aparece como dual en nuestro mundo.

 

La tierra es incapaz de producir un árbol que es esencia e imagen, sólo puede dar algo que esté dentro de las leyes del crecimiento y del desarrollo. Fue creada para lo múltiple, pero el hombre debería a través de ella retornar al origen. La tierra es el camino hacia nuestra meta.

 

 

LOS DOS ÁRBOLES EN EL JARDÍN DEL EDEN

 

 

Mas adelante en el relato del Génesis nos dice:

 

Hashem, Elokim, hizo brotar del suelo (del Edén) toda clase de árbol agradable a la vista y bueno como alimento. Y también el Árbol de la Vida en medio del Jardín y el Árbol del Conocimiento del bien y del mal.[5]

 

La pureza del cuerpo de Adam correspondía a la naturaleza de los ángeles. El Jardín del Edén es un sitio espiritual y la Toráh nos dice que Adam vivió allí y gozó de los frutos que allí crecían. Estos árboles, si bien se trataba de árboles, no son como los concebimos nosotros, como ya vimos, ya que nuestra mente solo comprende lo material, lo que puede percibir por alguno de los sentidos. Igualmente los frutos no eran como los frutos terrestres que nosotros conocemos sino muchísimo mas sutiles con determinadas propiedades. Y la Biblia nos relata que Hashem hizo brotar del suelo dos árboles especiales:

 

1)   Árbol de la vida en Hebreo se escribe: ETZ HaJaIIM que expresado en cifras resulta: 70 + 90 + 5 + 8 + 10 + 10 + 40 = 233

 

2)   Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal en Hebreo se escribe: ETZ HaDAat ToB VaRRA que expresado en cifras resulta: 70 + 90 + 5 + 4 + 70 + 400 + 9 + 6 + 2 + 6 + 200 + 70 = 932

 

Surge una relación muy interesante 932/233 = 4, o sea, están en una relación 1:4.

El Árbol de la Vida es el “1”, la unidad y el Árbol del conocimiento del Bien y del Mal es el “4”, el desarrollo de lo dual.

 

Comer los frutos del Árbol de la Vida representa entrar en contacto con el conocimiento de lo correcto, del amor, el deseo de la unión con el eterno y mucho más que escapa a nuestro entendimiento. El Árbol de la Vida es un árbol que es fruto en si mismo y además produce frutos, o sea, en si mismo es la esencia y el contenido. Al igual que el arbusto que arde sin quemarse, cuando se revela Dios a Moshe en el monte Sinaí, la lógica nos indica que es imposible, pero esa lógica deja de tener sentido en otro mundo donde reina la armonía, donde los opuestos son superados.

En cambio comer de los frutos del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal representa entrar en un desarrollo dual, donde los deseos se imponen, surgiendo así la necesidad del desarrollo material, se trata de un árbol que solo produce frutos. Incorpora el tiempo como fuerza evolutiva y sucumbe ante el carácter de la dualidad, ya que evolución se encuentra en constante oposición a la unidad, entre el hacer y el ser.

 

Ser y hacer

1

Árbol fruto

que produzca fruto

Árbol de la Vida

Hacer

4

Árbol que produce fruto

Árbol de Conocimiento

del bien y del Mal

 

El Árbol de la Vida al igual que el mundo del Edén, donde fue colocado Adam, tiene la propiedad de aunar en si mismo el mundo de la multiplicidad y de la unidad, a fin de que él comiera, o sea, para que asimilara dentro suyo todo lo que significaba la dualidad, el desarrollo de la materia y así él que había sido creado a imagen y semejanza de la unidad, llevara junto con él todo nuevamente al origen, a Dios.

 

El Árbol de la Vida se encontraba frente a él para que comiese cuando quisiera. De haber comido de él habría visto claramente el propósito y la meta de la Creación. Con esa meta a la vista y gozando de la perfección de la armonía, el hombre hubiera cumplido su destino rápidamente: unificarse en armonía. Quien come de éste árbol va junto con el desarrollo hacia la meta, pero simultáneamente posee el fruto de esa meta: el mundo venidero. Es el mundo del Edén, mundo que forma el camino-tiempo de la evolución y del crecimiento y simultáneamente es el otro mundo venidero. El contiene el camino hacia la meta como la meta misma.

 

Por el contrario quien se cierra a esta posibilidad, porque su vida esta orientada hacia sí mismo y al crecimiento y desarrollo, queriendo continuar su evolución alejándose cada vez más del origen, sigue por el camino del árbol que da fruto solamente. Pero la Creación no esta hecha para que el hombre se pierda, sino para su bien, por lo cual en éste caso también llegará al fruto, pero después de muchas penurias, por desconocer la meta y no saber si se encuentra o no en el buen camino. Incluso puede llegar a creer que no existe una meta y el único sentido que le encuentra a la vida es el desarrollo por el desarrollo mismo.

 

Después que Adam-Java-Serpiente (Alma-cuerpo-instintos) eligió comer del árbol del conocimiento, desconociendo la orden que se le había dado expresamente, se le abrieron los ojos a esta realidad. Se le abrieron los ojos a la percepción a través de los sentidos, del mundo de las formas, a esa tierra que sólo podía producir el árbol que da fruto, sumergiéndose en sus leyes. Este hombre, ahora, ve al mundo y a sí mismo inmerso en las leyes del desarrollo en interminables ciclos de vida y muerte. Perdió la esencia de las cosas, perdió la meta. Para recuperar ese estado edénico solo le queda una opción, abandonar el camino que eligió en principio, El Árbol de conocimiento del bien y del mal, y volver al origen para emprender la senda que lleva al Árbol de la Vida, el Árbol fruto que da fruto.

 

Deberíamos entonces renunciar paulatinamente pero radicalmente al camino que hemos seguido hasta ahora. Todos los días deberíamos hacer un alto en nuestro camino, recapacitar y tomar la senda del Árbol de la Vida, la senda del retorno al origen, esa es nuestra meta. De este modo tratar de unificar los opuestos para superarlos, viviendo de una manera diferente a aquellos que desconocen la verdadera meta, quienes tienen siempre metas y cuando las logran buscan nuevas metas, porque la meta alcanzada los desilusiona ya que no es la verdadera.

La posibilidad de comer del Árbol de la Vida, posibilita la superación del proceso vida-muerte, convirtiéndose entonces la vida en un desarrollo hacia el fruto, hacia el mundo venidero, siendo la muerte estar en ese otro mundo. Toma conciencia de que el Árbol fruto que hace frutos, representa la muerte en su parte “árbol fruto” y representa la vida en su parte “que hace frutos”. En esta forma posee la lleve del mundo futuro y del actual, posee el mundo edénico.

 

La Biblia misma tiene el carácter de Árbol fruto que da fruto ya que se trata de una revelación divina (esencia) plasmada en un relato (forma).

 

El hombre por vivir en la tierra siempre se encuentra en algún punto del desarrollo y por tanto frente a decisiones. Si se deja llevar por sus criterios terrenales, toda su energía, su tiempo y su pensar se atan a las fuerzas de este mundo: las fuerzas del desarrollo, es como si comiera nuevamente del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Pero para aquel que detiene su camino y se niega a seguir el desarrollo, optando por el Árbol de la Vida y el retorno su vida toma otro sentido. Ya no camina en forma dubitativa y fugitiva, amenazado por temores y desesperación.

 

 

 

LA EXPULSIÓN DEL EDÉN

 

 

3:22 - Dijo Hashem, Elokim: “Mira, el hombre se ha vuelto como único entre nosotros en cuanto al discernimiento entre el bien y el mal. Ahora no sea que extienda su mano y torne también del Árbol de la Vida, y coma y viva para siempre”.

3:23 - Entonces Hashem, Elokim, lo echó del Gan Edén para que trabaje la tierra de la que había sido tomado.

3:24 - Después de haber echado al hombre, ubicó al este del Gan Edén a los Querubines con el filo de la espada blandiente, para proteger el camino al Árbol de la Vida.

 

 

En el Jardín del Edén solo se puede vivir desde lo esencial, cuando se toma la fuerza de lo dual se hace imposible vivir ahí.

Dios viste al hombre con la envoltura de los animales, envoltura que implica que vivirá en el tiempo, como lo conocemos nosotros, con lo cual ingresa también la muerte.

Entonces que significa realmente la caída y expulsión, es una caída, pero también una nueva percepción del mundo. Pasa de un estado de conciencia donde tenía percepción de lo esencial a otro inferior donde reina lo dual y la ilusión, sólo se perciben las imágenes de lo esencial.

¿Cómo puede entonces ir ahora hacia el Árbol de la Vida, si se le coloca en este mundo con su crecimiento, con sus bellezas, sus amaneceres, su naturaleza tan exuberante, sus logros, su sentido que superficialmente parece tan lógico?

Estamos en todo momento puestos frente a esta dicotomía. Y en momentos, nos encontramos tan subyugados por este mundo, que ni siquiera  somos conscientes de que existe tal dicotomía. Por un lado llevamos dentro de nosotros la fuerza del origen, la neshamáh, que nos pide comer del Árbol da la Vida para poder retornar y por otro nuestro cuerpo, nefesh, tentado por la serpiente, nos lleva nuevamente al Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal y continuar en este mundo de desarrollo.

Adam de no haber transgredido la orden habría logrado el gran ascenso destinado a él, porque ésa es la naturaleza de las cosas en la Creación: progresar en una ascensión continua, éste era el camino del “Árbol de la Vida”. Pero eligió el camino del “conocimiento del bien y del mal”. Un camino mucho más difícil y arduo. Nos tenemos que internar en este mundo en el cuál vivimos, que a veces nos resulta extraño, donde la duda impera y no siempre tomamos las decisiones adecuadas. Nos resulta extraño porque seguimos exiliados e interiormente hay un recuerdo que nos hace anhelar el Edén, ese mundo espiritual donde vivía Adam. Hay alguien que nos llama a retornar, “el alma”. Y para eso debemos desarrollarnos en este mundo que es una universidad, donde nos ponen exámenes constantemente. Si los aprobamos pasamos al siguiente nivel, si no es así, el universo se adecua para ponernos nuevamente a prueba. Depende de nosotros y es nuestra responsabilidad lograr la corrección de nuestra alma para así poder terminar el camino del exilio y retornar definitivamente a la unidad.



[1] Otiót son las letras del alefato hebreo y sefirót las 10 esferas del Árbol de la Vida.

[2] Hashem significa “el Nombre de Dios” de 4 letras o tetragrama.

[3] Elokim es una forma de decir: Elohim que significa Dios.

[4] (Génesis 1:11-12)

[5] (Génesis 2:09)

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Sobre esta anotación

Alejandro López Prado

Alejandro López Prado escribió esta anotación hace 1 año. En ella habla sobre El Bien Y El Mal y Los Dos Árboles.

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